Alimentos estándar para los pobres

Desde la escuela nos han dicho que América Latina es un paraíso lleno de riquezas en materia de biodioversidad, y que somos la despensa alimentaria de los países con mayores ingresos, los cuales van a necesitar gracias a un crecimiento exponencial de la población una oferta variada y abundante de alimentos, condición que los gobiernos y las empresas quieren aprovechar para llenar sus bolsillos con la producción de alimentos procesados, comercializando nuestro patrimonio para favorecer el progreso de los países y equiparar poderes.

Es importante aclarar que no estoy en contra del comercio de alimentos, mucho menos que se desarrolle una actividad productiva en donde los recursos considerados por la ciencia y la tecnología como alimentos sean explotados, y permitan garantizar la seguridad alimentaria de millones de personas.

Sin embargo hay una zona gris en este desarrollo productivo que es considerado tabú por la academia, los profesionales y hasta por las mismas empresas: la producción y comercialización de alimentos bajo criterios de sostenibilidad.

En mi época de estudiante de universidad en el año 2003 era casi palabra de Dios escuchar al profesor decir “que lo que decía la ley no era para discutirse solo se cumplía”. Recuerdo como una vez en clase de tecnología de procesamiento de productos cárnicos, revisaba lo dispuesto por la ley en materia de composición fisicoquímica y nutricional que debían tener productos tan populares en todo el mundo como las salchichas. Curioso fue al revisar un cuadro comparativo en donde por arte de magia las salchichas se podían clasificar como estándar, seleccionadas y premium:

Para algunos revisar el detalle de la composición de una salchicha premium la cual tiene un 14% de proteína cárnica, y haciendo la comparación con una salchicha estándar la cual tiene únicamente un 10% puede ser una pérdida de tiempo, en especial para alguien que no estudió y mucho menos sabe para qué sirve la ciencia y la tecnología de alimentos. Pero en mi caso esto me puso a pensar más allá de lo que significa ir al supermercado para elegir y pagar por un producto: la comida genera inequidad, ayuda a que cada día seamos una sociedad clasista, en donde hay ciudadanos de primera y de segunda.

Ese 4% de diferencia de contenido proteico puede ayudar a comprender fenómenos como el por qué somos un continente enfermo con la pandemia de la obesidad; o por qué los niños de las escuelas públicas tienen más dificultades para resolver problemas complejos. Si las proteínas son las que permiten que tengamos un desarrollo cerebral y unas neuronas sanas para poder crear, pensar con autonomía y ser una sociedad, ¿por qué desde la ley y el desarrollo del mercado se fomenta que ciertos productos que van para las poblaciones menos favorecidas tengan menos nutrientes en comparación a los productos que van dirigidos a la sociedad con más recursos?

Considero un absurdo y no tiene justificación alguna que los empresarios argumenten que el negocio en el sector de alimentos en América Latina se basa en la capacidad de pagar por el acceso a nutrientes de alto valor, fomentado la brecha entre ricos y pobres y que lamentablemente sigue creciendo a pesar de tanto balbuceo sobre la responsabilidad social empresarial.

La soberanía alimentaria no se negocia. Todos, indistinto de nuestras condiciones sociales, económicas y culturales tenemos derecho a una alimentación sana, segura, accesible y en calidad suficiente para regular nuestras funciones fisiológicas.

Todos somos responsables y debemos hacer respetar nuestro patrimonio intergeneracional llamado alimentos. Como profesional del sector de alimentos me he comprometido a:

  1. No brindar mis conocimientos, ni trabajar en empresas o instituciones públicas que insinúen desarrollar alimentos que tengan el sello “para los más pobres” como mecanismo para ganar participación en el mercado o generar el famoso impacto social. Considero que el esfuerzo que se hace en investigación, desarrollo, pruebas piloto y aplicación comercial es el mismo, implica los mismos costos; pero el solo hecho de estratificar es una condición indigna y poco ético a la hora de hacer negocios.
  2. Usar mis conocimientos y talento para desarrollar alimentos para todos, como una muestra de respeto hacia los demás.

Usted también puede aportar, aquí algunas ideas de lo que puede hacer:

  1. Denuncie los casos de corrupción relacionados con el suministro de alimentos a personas en condición de vulnerabilidad.
  2. Si es empresario haga públicos sus costos de fabricación de sus productos.
  3. Como consumidor haga compras inteligentes. Deje de adquirir alimentos por moda y hágalo en función de las necesidades de regulación de su propio cuerpo.

 

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