De las regalías y otros demonios

Aforo lleno, expectativas muchas; sin embargo corre la sensación de que la famosa compensación por el uso indiscriminado de algo que nunca ha sido nuestro es un fantasma o sofisma de distracción, a la cual se han sumado cuidados paliativos para una bomba  llamada viabilidad de la especie.

De regalías se habló, de proyectos se habló… pero de lo que nunca se escuchó es de qué tan pertinentes son los proyectos de dicho fondo para la ciencia tecnología e innovación en función de nuestra sustentabilidad, el cual es casi por sentado que nosotros somos parte del territorio, pero no los dueños del mismo, nunca hemos estados solos y como tal la ciencia básica como aplicada debe preservarnos a nosotros y a las demás especies como recurso genético valioso del planeta.

 

¿Hasta qué punto la investigación, la ciencia, la tecnología y la innovación  en Colombia concuerdan con las necesidades humanas?

¿Las regalías efectivamente apoyan un desarrollo humano integral y la sustentabilidad?

¿Los proyectos que se presentan a estas convocatorias para acceder a recursos tienen realmente un componente bioético?

Son varias las preguntas las que me he planteado y que me permití explorar asistiendo al foro de regalías, el cual se desarrolló en la Corporación Ruta N entre los días 8 y 9 de mayo. Es importante mencionar que mis respuestas a estas preguntas son mías, cada quién podrá tener otras percepciones y muy valioso si las comparte; sí espero que se fomente un debate serio sobre la pertinencia y preparación del país en aspectos como el uso de los recursos, la diversidad genética, las fuentes energéticas y en especial la construcción de valores y cultura del auto cuidado de algo que nos fue prestado por un rato llamado tierra y que no estamos haciendo la tarea.

 

¿Hasta qué punto la investigación, la ciencia, la tecnología y la innovación  en Colombia concuerdan con las necesidades humanas?

Si la ciencia y la tecnología se desarrollan bajo un marco de progreso, entonces por qué varios índices muestran que somos un país inequitativo a pesar de muchos esfuerzos estatales y privados. Esto no lo digo yo, lo dice el banco mundial que clasifica a Colombia en el puesto 91 en el índice de desarrollo humano y que muestra cifras tan escalofriantes como que una persona tiene un promedio de escolaridad de 7,3 años mientras que el esperado es de 13,6. http://hdr.undp.org/hdr4press/press/report/hdr/spanish/10_HDR2013_ES_Statistics.pdf

Nunca antes en la historia del país se había apoyado la investigación y la formación doctoral; hoy no sabemos qué pasa con los cerca de los 5200 doctores titulados en el país, qué actividades están haciendo y lo más importante si realmente son pertinentes para las necesidades del territorio. Importante retomar los aportes del ex-director de Colciencias, Jaime Restrepo Cuartas sobre las debilidades que se presentan en áreas del saber prioritarias para el país: http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/los_doctores_que_preocupan/los_doctores_que_preocupan.asp.

Hoy se siguen reflejando  proyectos ubicados en las dos esquinas de la balanza: proyectos poco pertinentes por su bajo impacto social y ambiental positivo; la mayoría de estos proyectos benefician a un grupo particular que ha monopolizado un segmento de una actividad económica. También hay proyectos que no participan de los famosos recursos de las regalías porque no hay suficiente gente formada para encarar desafíos que tenemos como país siendo rechazados: casos como proyectos relacionados con la biotecnología y la nanotecnología, la investigación de las ciencias sociales para medir el impacto del hombre sobre la cultura, la ciencia, el ambiente y el desarrollo económico; las ciencias marinas, las ciencias agropecuarias y la constante búsqueda de medios y recursos energéticos.

También es importante retomar que el país ha descrito una política de apropiación social de la ciencia, la tecnología y la innovación  http://www.colciencias.gov.co/sites/default/files/ckeditor_files/files/ESTRATEGIA%20NACIONAL%20DE%20ASCTI_VFinal.pdf  y que hoy con sorpresa se observa que es diametralmente opuesta a los tipos de proyectos que se apoyan desde el fondo de ciencia, tecnología e innovación. La mayor parte de estos proyectos son operados por privados en compañía de universidades de trayectoria en investigación. Sin embargo para que estos proyectos no caigan en el mismo círculo vicioso de la investigación que ha prevalecido en el país centrada en el canibalismo y los celos profesionales de los investigadores que siguen siendo muy apáticos en la generación de dinámicas distintas para construir territorio, es importante que  se refleje una participación abierta y efectiva  de la ciudadanía, porque al final de cuentas son las comunidades las que se deben beneficiar en productos y servicios que salen de la investigación tanto básica como aplicada.

Sin embargo es muy preocupante que ni siquiera el gobierno nacional desde su departamento de planeación sepan qué hacer con los resultados de investigación por concepto de patentes, productos y servicios. Si estos productos son generados a partir de recursos públicos pues lo más sano es que queden abiertos, como lo ha declarado la OCDE desde el año 2004. Igual directriz se ha adoptado en europa con el programa horizonte 2020, principal programa de fomento de la ciencia, la tecnología y la innovación  http://europa.eu/rapid/press-release_IP-12-790_es.htm

La ciencia, la tecnología y la innovación valen la pena si  promueven el desarrollo de la paz, la accesibilidad, la inclusión, el desarrollo armónico con los ecosistemas y sacan a un pueblo de su ignorancia; no debe ser un lujo de monopolios, tampoco debe ser comprendida como un instrumento de control social en donde el que tenga el conocimiento tiene el poder. En la economía del conocimiento, es el saber mismo un patrimonio de los pueblos, el cual es útil si soluciona problemas de índole humano, nunca de instituciones mercantiles.

En resumen se habló de leche, de minería, de cacao, salud,  TIC, cafés con sabores exquisitos y de muchos ladrillos para hacer parques educativos; pero del protagonista principal muy poco: de la especie humana, su relación con el ecosistema y su responsabilidad con la cultura de la sustentabilidad.

¿Será que valdrá la pena medir la calidad de la leche cuando ni siquiera sabemos el efecto que tienen la producción latifundista de alimentos sobre el bien más preciado  llamado agua?

¿Será que valdrá la pena medir la genética de los aguacates cuando miles de personas mueren al año de cáncer de vías aéreas por el pésimo estado de la calidad del aire contaminado por metales pesados, los cuales son generados por la gasolina que nosotros mismos consumimos?

Igual de preocupante que mientras en otras partes del planeta se está desarrollando una visión de descentralización del control social, dando mayor autonomía a los territorios de un gobierno central para prevenir la corrupción y las dictaduras de toda índole, Colombia siga sumida a las decisiones de tecnócratas de los cuales dudo mucho sepan qué pasa en las regiones desde sus oficinas, pero que siguen eligiendo a dedo qué proyectos se apoyan según sus intereses de bancada política y de control social.

Regalías muchas pero que al momento de analizar son una limosna; son las migajas que nosotros los colombianos permitimos con los ojos vendados,  dejando que unos pocos secuestren sin vergüenza alguna la soberanía de un país para extraer recursos no renovables como también nuestro patrimonio genético, el cual ni siquiera conocemos.

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