Ingeniero de alimentos, ¿me ayuda con la receta? Sobre el empirismo en la industria

Hace cuatro años empresarios y profesionales asociados a Corporación Seiton decidimos crear un consultorio empresarial para atender los requerimientos de muchas personas con un proyecto en la industria de alimentos.

A la fecha han llegado a nuestro consultorio 764 consultas; desde necesidades de orientación por parte de nuevos emprendedores, las cuales hemos respondido sin costo alguno en un 80% de las ocasiones, hasta las más curiosas e insólitas que nos hacen pensar que definitivamente en América Latina persiste el empirismo para la creación de empresas dedicadas a la manufactura, distribución, comercialización, distribución e importación de alimentos.

Hoy escribo para hablar sobre esta problemática, haciendo un llamado crítico a todos los que quieren crear empresa en la industria de alimentos conservando vicios, prácticas y hábitos que ya no funcionan en una economía cada vez más exigente, conectada y restringida por el acceso a recursos.

Crear empresas de alimentos sin estrategia no es negocio:

Se entiende por estrategia el proceso en el cual se analiza y se define una oportunidad que se explota con una propuesta de valor, con una serie de tácticas que describen el cómo competir. Define el por qué…

Hay mucha preocupación porque todavía  se afirma que hacer el montaje de una empresa en el sector de alimentos no tiene ciencia; que solo basta “la receta secreta” que hacía la mamá o la abuela en la casa para tener éxito. En pleno siglo XXI no se ha entendido que el consumidor cambió y con él sus valores. Es tanta la sofisticación que un alimento ya no se considera como tal un bien físico que nos llevamos a la boca, que llega al estómago para hacer la digestión y generar nutrientes; hoy es una experiencia.

Y si de estrategia estamos hablando, cuando nos llegan solicitudes en donde el interesado lleno de terquedad pide asesoría para hacer la receta de la abuela a una escala medianamente industrial, por no decir rudimentaria, pues todavía algunos creen que con tener un fogón y unas ollas como infraestructura de soporte podrán conquistar el mercado…Tal vez se conquiste uno, el de los otros informales e ilegales con los cuales se compita, pero no pasará de ser un mercado natural y pobre para crecer. En esos casos preferimos decir no; sería muy irresponsable de nuestra parte decir que podemos hacerlo, sabiendo que el el 90% de las personas que pertenecemos a este colectivo nos hemos formado para esta industria y creamos empresas con los estándares mínimos para entregar valor.

Y si uno sugiere lo que se podría hacer para no ejecutar lo que no se debe y no perder dinero, por no detectar si realmente existe una oportunidad de mercado sobre la cual vale la pena invertir en ella porque la competencia se pifió, porque existe una madurez tanto de conocimiento del mercado, existencia de capacidad instalada, tecnologías, recursos financieros y personas competentes para llegar a la meta y entregar no solamente valor sino DIGNIGIDAD Y RESPETO PARA LAS PERSONAS QUE NOS HACEN EL FAVOR DE COMPRAR NUESTROS PRODUCTOS, la excusa  del interesado es…

“Mire señor, es que yo solo necesito algo puntual, que me ponga la fórmula de mi abuela a escala industrial, pero que no me valga mucho”.

Con esa actitud  no es posible tener una industria competitiva, porque simplemente se crea y se desarrolla en función de los caprichos, no por lo que el cliente demanda, valora  y paga. Seguiremos entonces con una industria informal, ilegal e improductiva. ¿Será que un planeta con recursos limitados aguantará? ¿Será que nuestros clientes no merecen respeto?

Empresas de alimentos sin ética son un arma de doble filo:

Las consecuencias de la informalidad, la ilegalidad y la baja productividad es el daño severo a los consumidores en su salud, su seguridad y su buena fe. Nada bueno se puede esperar de alguien que quiere emprender en la industria de alimentos que actúa con malicia y sin escrúpulos para ahorrarse unos centavos, con el fin de hacerle conejo a la normatividad  y todos los reglamentos técnicos que rigen en una ciudad o país con el fin de brindar seguridad al consumidor.

Traemos a colación otra insólita solicitud en nuestro consultorio de alguien que solo piensa en llenar sus bolsillos engañando al consumidor, que no los respeta, porque lo único que importa es el dinero y el consumo. Alguien nos envió una comunicación solicitando asesoría para un registro sanitario de un producto. Lo que no sabíamos era que el famoso producto era un suplemento dietario. El interesado quería lo siguiente:

“Mire, necesito que me haga como sea el trámite pero disfrazando el producto como alimento, no lo necesitamos como suplemento dietario en el invima”.

¡La persona recibió un rotundo no! Como profesionales formados para la industria tenemos muy claro que la salud pública y la seguridad alimentaria no se negocian.

Recordamos también otro caso de un colega ingeniero de alimentos que trabajó para una entidad de inspección vigilancia y control sanitaria en Colombia:

“Muchachos, les cuento que hoy encontramos la primera fábrica de salchichones  en donde los productos no tienen carne. Todo es cartón molido con saborizantes que imitan el sabor a carne. Lo más indignante, es que esos productos son repartidos actualmente en los programas de alimentación escolar. Lo hicieron para adulterar los costos de las minutas entregadas a los niños y así ganar más dinero en el contrato de suministro”.

Cómo es posible que estos casos sigan impunes y que se vulnere el derecho a una soberanía alimentaria la cual es para todos. Si señores, esto y muchas otras cosas pasan como si fuera un paisaje. Mientras tanto, los gremios profesionales/empresariales y las universidades que dicen “formar y representar la ingeniería de alimentos en Colombia” permanecen callados, como si aquí no pasará nada, siendo cómplices de los fraudes y abusos que muchos de los profesionales que dicen trabajar para estos mañosos que dicen ser empresarios de la industria permiten y toleran, simplemente por recibir un chantaje monetario llamado salario.

Casos como estos nos toca recibirlos y escucharlos en nuestro consultorio empresarial todos los días, dejando en evidencia que para muchas personas emprendedoras en la industria de alimentos es más importante la publicidad, el fraude, el dinero fácil y el engaño que entregar algo decente, honesto y que dignifique a las personas.

Queda una preocupación muy grande desde Corporación Seiton, pues muchos de los productos alimenticios que consumimos que compramos en una tienda, un supermercado, restaurante o expendio de comida son una incógnita:

  • No sabemos si realmente nutren, si han sido fabricados con los ingredientes que dicen declarar en las etiquetas,¡si son alimentos de verdad!
  • No sabemos si han sido fabricados bajo condiciones técnicas idóneas que eviten un riesgo para el que los consume.
  • No sabemos si han sido falsificados, adulterados y reprocesados después de cumplir su tiempo de vida útil.
  • No sabemos si las autoridades competentes están haciendo la tarea…

Todo esto sucede porque tenemos una industria que vive a lo fácil, en su zona de confort; que no cuenta con instrumentos fuertes de inspección, vigilancia y control que permitan garantizar la seguridad de lo que se produce y comercializa, que las obligue a entregar valor en lugar de vivir entre las sombras de la ilegalidad e informalidad, evitando así procesos sancionatorios.

Rogamos entonces que no suceda algo similar a lo ocurrido en Europa en el año 2011: 14 países se vieron afectados por una pandemia de E-coli proveniente de unos pepinos orgánicos españoles que dejaron decenas de muertos y hospitalizados; muchos de los productores y comercializadores de estos productos argumentaban que eran de “excelente calidad y una maravilla”, pero sin argumentación técnica y científica de sus promesas de venta que generaron un escándalo relacionado con la ética empresarial.

Recomendaciones para los que nos visitan en nuestro consultorio empresarial:

Como colectivo profesional sentimos bastante molestia, al notar que el empirismo en la industria sobre la cual nos formamos como profesionales y emprendemos con honestidad sigue siendo pan de cada día, fenómeno que está afectando el desempeño de un sector que tiene un papel fundamental en temas como el posconflicto y la sostenibilidad de un continente.

Consideramos entonces que es momento de parar de algún modo la viveza y el empirismo de muchas personas que quieren seguir bajo la misma tónica de la informalidad y la ilegalidad. Por tal razón hemos tomado la siguiente decisión:

No busque atención profesional en nuestro consultorio empresarial si…

  • Quiere ser un mañoso más de la industria que quiere pasarse las normas por encima, haciendo empresa a lo fácil, engañando e irrespetando al consumidor. No nos interesa acompañar a supuestos empresarios que ven a las personas como simples sujetos con chequera en el bolsillo que solo sirven para consumir. En Corporación Seiton creamos y apoyamos empresas porque tenemos una misión: La soberanía y la sostenibilidad alimentaria son patrimonio intergeneracional.
  • Al final quiere pasarse por encima los conceptos técnicos que muy amablemente el profesional o empresario que le atiende le entrega, porque le parece que la ética y la seguridad de sus productos con sus clientes potenciales o actuales son cosas muy costosas y que no generan retorno. En Corporación Seiton es una mejor práctica emprender cumpliendo requisitos técnicos, siendo conscientes de que somos responsables de los productos e intangibles que entregamos, pues para eso nos formamos como profesionales para este sector.

En el medio hay muchas personas que le sirven para sus despropósitos; pero, en Corporación Seiton la ética profesional, la soberanía alimentaria y la sostenibilidad alimentaria no se negocian. 

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