Nuevos paradigmas en emprendimiento social

“El emprendimiento social no  puede seguir siendo sinónimo de atención a los más pobres; tampoco puede ser un escudo de las organizaciones para decir a los cuatro vientos que se aplica la Responsabilidad Social Empresarial”.

Como base para el debate sobre si existen o no empresas sociales, es importante revisar previamente la publicación del programa Ciudad E, iniciativa auspiciada por la Caja de Compensación Familiar Comfama y la Alcaldía de Medellín: “revisión conceptual: empresas sociales”

Luego de un mes de investigación y de videoconferencias realizadas con comunidad científica y emprendedora de países como Perú, Francia y España, deseo entregar una serie de conclusiones sobre los nuevos paradigmas a los cuales se enfrentan los denominados “emprendimientos sociales”  en función de los territorios del conocimiento, espacios en donde no cabe la frase  “el emprendimiento social atiende a los más pobres/las comunidades vulnerables porque el estado y el mercado fallaron, sea por negligencia o por falencias en sus planes, proyectos y programas”.

 

La economía de las personas.

No se puede concebir en una economía del conocimiento la confusión entre “emprendimiento” y “empresarismo”. El primero tiene que ver con la capacidad que tiene el ciudadano para desarrollar sus capacidades creativas, aprovechar su entorno y ser biológicamente viable por medio de la investigación continua en entornos no intrusivos. Fruto de esta interacción se  generan los conocimientos implícitos que facilitan otras interacciones diversas, siendo en particular el empresarismo, concepto que se define como la capacidad que tienen las personas de manera individual o colectiva para crear organizaciones generadoras de bienestar y utilidad.

¿Existen entonces las empresas sociales?

Una cosa es que existan condiciones de inequidad social para el acceso a las necesidades básicas, situación generada por la misma estructura social y el contexto histórico de los territorios; otra cosa es que mediante modelos de asociación o iniciativas particulares se generen dinámicas para satisfacer estas necesidades, proceso generado por la economía de consumo de tecnología.

Bajo los modelos de la innovación abierta y de ruptura ya no pensamos en la economía de las organizaciones que solucionan problemas generados por la ineficacia del estado o por la falta de bioética en los territorios; hoy somos una economía de/para las personas;  nueva dinámica de participación caracterizada por el ser humano como centro, el que explota las bondades de la creatividad, la cooperación, el conocimiento y las competencias para su viabilidad como especie.

Por eso sería muy difícil afirmar que en un territorio existan empresas que son sociales y otras que no lo son, porque todas las organizaciones bajo esta nueva concepción de la innovación abierta son sociales por los siguientes motivos:

  • Sin una sociedad que no manifieste necesidades no hay demanda de mercado, por ende las organizaciones no se sostienen; a menos que exista en el territorio un modelo económico y social en donde existan otros procesos de sostenibilidad y transacciones (tales como el trueque  o los modelos de la economía del bien común).
  • Bajo las metodologías de los laboratorios vivientes (Salgado, 2012), los cuales son espacios de participación abierta, es el ciudadano como usuario el que genera las innovaciones; desde la identificación de la necesidad hasta la participación activa en el diseño y validación de las soluciones. En estos espacios no existe una condición exclusiva de “ciudadano o población vulnerable”.
  • No es una característica o diferenciación de las llamadas “empresas sociales” vincular “comunidades pobres o vulnerables”, término que se considera peyorativo. Toda organización construida desde las dinámicas del empresarismo  y la innovación abierta tiene la obligación de generar progreso en sus usuarios cooperadores ( que todavía se les llaman de manera errónea consumidores). Este proceso de co-creación implica la identificación de los saberes del territorio (experiencias de las personas o conocimiento tácito como principal insumo para la innovación), como la correspondiente construcción y validación de metodologías, sensores y herramientas que permitan la medición continua de la accesibilidad y pertinencia de las soluciones planteadas desde estos ecosistemas. Para ilustrar este proceso  y borrar del imaginario la denominación exclusiva de “empresas sociales”, les comparto una iniciativa relacionada con los conceptos de los laboratorios vivos y la participación activa ciudadana:

El parque de la papa: es una iniciativa de la comunidad quechua del Perú que tiene como finalidad el rescate genético y el uso tecnológico de diversas variedades de tubérculos Ver sitio web

    • El progreso o llamado de otro modo “la innovación social”, no se mide sólo en N° de ventas de productos y sevicios, ingresos o utilidades; existen indicadores igual de importantes para la medición del progreso de los territorios tales como la apropiación social del conocimiento, como también el nivel de acceso a los desarrollos tecnológicos los cuales son la fuente primaria para el empresarismo con alta inclusión. Tal el es caso del ayuntamiento de Mataró territorio franco español en donde una ciudad se vuelve un ecosistema de innovación, con participación activa de los ciudadanos para encontrar soluciones en e-health, e-wellness, e-turismo y ecología urbana:

 

Los retos para el ecosistema emprendedor en los territorios que aprenden.

  • El empresarismo es sólo uno y no busca la satisfacción de necesidades básicas las cuales deben ser garantizadas por la estructura del estado y sus entidades descentralizadas.  La función del nuevo ecosistema conformado por la juventud y el 1% de las personas que generan cambios radicales en el mundo, es la de crear soluciones que cruzan la frontera del consumo de productos. Hoy se piensan en soluciones que generen un sentido de pertenencia, estatus, inclusión, compasión, identidad, solidaridad, hiper-personalización, conexión y todo lo que represente la importancia de la persona como unidad fundamental de los sistemas económicos, políticos y culturales.
  • En la economía del conocimiento las personas no son actores pasivos, son los protagonistas y el centro de la innovación en las redes y conexiones multisectoriales existentes en los territorios. América Latina ya tiene espacios de innovación abierta de los cuales podemos aprender sobre los procesos de inclusión ciudadana y que facilitan la creación de más y mejores empresas, las cuales tienen como único fin la de hacer innovaciones que nos permitan ser viables como especie.
  • Preocupa en el estudio elaborado por las instituciones anteriormente citadas, que no se menciona la necesidad de la apropiación social de la ciencia y tecnología como eje transversal en las nuevas empresas. Si queremos un territorio inteligente se requieren esfuerzos decididos por sacar del atraso y la ignorancia a las comunidades que históricamente siempre han estado en el olvido y que es gran parte de la base poblacional. No es posible, ni tiene presentación que en ciudades como Medellín, ciudad que con tanto bombo y platillo dice ser la ciudad más educada, tenga 50.000 analfabetas; peor todavía, que el 53% de su población es analfabeta funcional (no comprenden lo que leen, no saben expresar sus ideas por escrito; mucho menos saben para qué sirven las TIC). Esto genera una polarización grave en materia de acceso al conocimiento; por ende la creación y fortalecimiento de más y mejores emprendimientos actualmente sólo beneficia y fortalece a los monopolios y sigue enriqueciendo a la histórica élite con apetito voraz  de recursos y que recibe grandes sumas de inversión estatal o mixta, pero con bajo retorno reflejado en beneficios para el territorio. pueden analizar los índices actuales de sub-empleo e informalidad laboral de la ciudad,  los cuales  llegan al 51%. Estudio realizado por el Banco de la República
  • Surge la necesidad de una nueva estructura de cooperación, en donde el actor principal es el usuario y no la red de fomento o los consultores empresariales. Es un llamado entonces a la red multisectorial para que inicie los cambios respectivos en materia de gobierno corporativo y mejores prácticas. Para nadie es un secreto que los recursos de cooperación son cada vez menores y restrictivos. Ya no competimos con la gente de al lado, estamos en un escenario global y los mejores proyectos que recibirán apoyo son los que demuestren resultados e inclusión universal. En buena hora se acaba la medición de resultados con indicadores de impacto  amañados para beneficiar a unos pocos. Igualmente es un llamado para los grandes proyectistas para que entreguen más y mejores propuestas (hoy tenemos grandes deficiencias en volumen de proyectos).

Debemos erradicar del pensamiento que los “emprendedores sociales” son una especie rara dada a la filantropía y que no necesitan medios ni recursos diferentes a las donaciones de las empresas que dicen promover la RSE. Más que emprendedores sociales, considero a estas personas unos privilegiados, porque entienden el sentido de la compasión y su utilidad para mover la economía de las personas que se fundamenta en el desarrollo continuo de la dignidad humana, situación que no se mide con las herramientas del siglo XIX como los flujos de caja o los estados financieros.

 

Para el desarrollo de este artículo agradezco a las siguientes personas y organizaciones:
  • Dra. Laura García Vitoria. Fundación Territorios del Mañana. Francia
  • ANDES- Asociación para la Naturaleza y desarrollo de los Andes. Perú
  • Javier Echeverria Licenciado en matemáticas Doctor en Filosofía Universidad de la Sorbona Francia